El niño Interior

"En el fondo de todo adulto yace un niño eterno, en continua formación, nunca terminado, que solicita cuidado, atención y educación constantes. Ésta es la parte de la personalidad humana que aspira a desarrollarse y a alcanzar la plenitud". C.G. Jung.
"Todos llevamos un niño eterno en nuestro interior".
 
Percibimos que una parte de nosotros mismos permanece íntegra, a salvo de los pesares de la vida, capaz de alegrarse profundamente y de maravillarse ante las cos
as más pequeñas. Su mensaje es ‘todos llevamos a un niño eterno en nuestro interior’, un ser hecho de inocencia y asombro. Este niño simbólico también nos conduce, y lleva consigo el registro de nuestras experiencias formativas, de nuestros placeres y de nuestros dolores.
El niño interior se manifiesta en las fantasías, los sueños, el arte, y los mitos procedentes de todo el mundo, donde representa la renovación, la divinidad, el entusiasmo vital, la capacidad de asombro, la esperanza, el futuro, la curiosidad, el valor, la espontaneidad y la inmortalidad. El niño interior es un símbolo de unión que conecta aquellas partes de la personalidad individual previamente separadas o disociadas.
 
El niño interior es al mismo tiempo una realidad de nuestro desarrollo y una posibilidad simbólica. Es el alma de la persona, creada en nuestro interior por medio de la experiencia vital, y es la imagen primordial del Self o Sí mismo, el núcleo mismo de nuestro ser individual. Como sugirió Jung, el niño representa una "plenitud que abarca lo más profundo de la Naturaleza".
Nuestro niño posee el espíritu de la verdad, la espontaneidad y la autenticidad absoluta. Sus acciones manifiestan la naturalidad que hay en nosotros, la capacidad de actuar adecuadamente y la aptitud para resolver cualquier situación. Cuando escuchamos la voz del niño que hay en nuestro interior nos sentimos auténticos y creativos.
 
La voz del niño interior es fundamental en el proceso de llegar a ser nosotros mismos. El niño es la parte auténtica, y la parte auténtica en nuestro interior es la que sufre... Muchos adultos escinden esta parte de sí mismos y por ello no poseen una personalidad íntegra, ya que sólo si se la acepta, y se acepta con ella el sufrimiento que conlleva, puede tener lugar el proceso de maduración.
Todos podemos reconocer la voz del niño interior, puesto que la conocemos bien. Todos hemos sido niños. Y el niño que hemos sido pervive en nosotros -para bien o para mal- como recipiente de nuestra historia personal y como símbolo omnipresente de nuestras esperanzas y nuestras posibilidades creativas.
 
El niño es la clave que nos permite alcanzar la expresión cabal de nuestra individualidad. Esta entidad infantil, el ser que verdaderamente somos y hemos sido siempre, vive con nosotros aquí y ahora.
El niño interior lleva consigo nuestra historia personal, y es el vehículo tanto de nuestros recuerdos del niño real como del niño idealizado del pasado. Es la cualidad verdaderamente viva de nuestro ser interior. Es el alma, aquello que experimenta en nosotros a través de todos los ciclos vitales. Y es el portador de la renovación a través del renacimiento, apareciendo en nuestras vidas siempre que nos desidentificamos y que nos abrimos cambio. La experiencia de este proceso de renovación equivale a experimentar las posibilidades creativas del niño simbólico.
 
Este niño eterno y verdaderamente vivo se encuentra en el corazón de nuestro ser esperando encarnarse en nuestros actos y nuestras actitudes. Y la luz del mundo brilla a través de él. El niño es un símbolo de plenitud en la psique, como un puente entre el ámbito personal y el colectivo. Nuestra época anhela el segundo advenimiento del Niño Divino Interior. El Niño es el símbolo que expresa "la naturaleza global de la plenitud psíquica".
 
El niño interior siempre pide más, si se lo escucha, pero cada niño debe enfrentarse a ser adulto, a crecer. De lo contrario sería como pasar de la vida a la muerte sin ningún aprendizaje.
Tenemos que alimentar y educar a cada uno de los niños interiores que nos exigen desde lo más profundo, que no tiene por qué ser sólo uno, sino todos aquellos que exijan el derecho a crecer. Aunque, posiblemente, también tengamos derecho a ponerles un límite desde la madurez y no dejar que se nos hagan tantos, y tan complejos, como para no poder abastecer a tal regimiento en una sola vida. El niño interior tiene que ser expresado e integrado.
 
Para ello tenemos que volver al niño interior. Pero todos tenemos un niño/a interior lastimado/a. Es cierto que ya no podemos ser lastimados de la misma manera en que fue lastimado el niño/a que fuimos. Sin embargo, si ese/a niño/a interior no es sanado/a es imposible crear una realidad distinta. Quienes hemos intentado sanar ese/a niño/a interior sabemos que es un camino arduo y lleno de dolor. Y siempre quedan astillas intactas que siguen lacerando.
 
Dicen los que poco saben que la infancia es un tiempo de felicidad, sin problemas, sin contradicciones y de ingenuidad. Para empezar imaginemos que hoy nos subimos a un avión y cuando llegamos a destino nos ponen cabeza abajo, nos sostienen por los tobillos y nos pegan en la cola. Después nos pasean de sala en sala metiéndonos objetos extraños en la boca y la nariz, nos restregan los ojos y demás maniobras...¿Cómo nos sentiríamos? Tal vez humillados/as, horrorizados/as, avergonzados/as. Y así sigue el desarrollo humano...se llega a la vida con la sensación de que no somos bien recibidos/as y que seguramente nos espera mucho dolor como el anunciado en el arribo después del viaje.
 
Así si miramos muy profundamente en nuestro interior, veremos un niño/a horrorizado/a escondido/a en esa profundidad. Miremos con ojos inquisidores todos aquellos momentos de nuestra niñez cuando recibimos un castigo, la llegada amenazante de un hermano que parecía que nos iba a despojar del amor de nuestros padres, el primer día de la escuela que se parece tanto a nuestro primer alumbramiento, aquel del cual aún no nos hemos recuperado porque nos arrancaron del lugar seguro del útero, cuando se murió la primera persona y allí empezamos a saber que las personas desaparecen y todavía no sabemos de la existencia de la muerte, etc.etc. (y aquí cada cual puede incluir sus propias escenas infantiles, aquellas que aún no pueden comprender o asumir y que en el fondo de cada uno/a aún provocan una sensación de desamparo y dolor) Y ese niño/a aún tiene ganas de llorar, está perdido/a en un mundo inhóspito. Es probable que ese/a niño/a necesite romper algo, expresar todo su enojo, su dolor y su terror. Si podemos conectarnos con él/ella, si lo/la rodeamos del amor que hasta ahora le faltó porque no fue recibido/a por personas que comprendieran su desvalimiento, si lo amamos como es, si no lo seguimos cargando de culpas y resentimientos, ese/a niño/a volverá para ser un emisario/a de esa luz que tenía antes de llegar al mundo inhospitalario que lo recibió.
 
Solamente quien es amado y cuidado puede devolver amor y cuidado, pues donde hay terror y dolor no puede haber amor y expansión. Liberemos a ese niño/a de ideas erróneas, de ideas negativas, de la idea del pecado y de la culpa. Sanemos su corazón y su alma. De lo contrario seguiremos viviendo en la oscuridad, el vacío, la soledad sin libertad para expresar lo que verdaderamente somos y sin poder cumplir con el recorrido del camino que estamos llamados a seguir. Ese/a niño/a interior herido/a seguirá controlando nuestras vidas.
 
Dite a ti mismo todas las cosas que deseabas que tus padres te dijeran. Tu niño pequeño necesita sentirse amado y deseado. Dale lo que necesita. No importa la edad que tengas, ni si estás enfermo o asustado, tu niño pequeño necesita sentirse amado y deseado. Recítale a menudo: «Te deseo y te amo». Esto es verdad también para ti. El Universo te desea aquí y ése es el motivo de que estés aquí. Siempre has sido amado y siempre los serás, durante toda la eternidad. Puedes vivir feliz eternamente. Y así es.
 
"Hacerse joven lleva mucho tiempo".
Y tal vez se deba a que cuando nos parieron ya éramos viejos/as, porque nos cargaron con todo el lastre de la humanidad, con sus mitos más antiguos sobre lo que una persona "debe" ser y nunca nos permitieron sentir, pensar y ser lo que verdaderamente habíamos venido a ser, sentir y pensar sin los viejos condicionamientos.
 
Hacerse joven lleva mucho tiempo. Nos tejieron redes donde quedamos presos/as de los deseos de los/as otros/as y aprendimos que había que "cumplir" con esos designios pues de lo contrario seríamos separados/as de la "familia humana”. Sin embargo y paradojalmente, sólo logramos, siguiendo esos designios, quedar aislados/as y separados/as de nosotros/as mismos/as como verdaderos/as extranjeros/as, sin poder reconocernos en nuestra unidad, entorpeciendo nuestro camino de identificación y reconocimiento. Un territorio al que le tendieron murallas, límites que cerraron el camino de la expansión. Hasta que un día...comenzamos a permitirnos otra posibilidad...
Ese niño “maravilloso” por lo que tiene de lo más auténtico y genuino, habla cuando le dejamos hablar. Suele entrar en contradicción con las normas morales y sociales de la época cuando no encuentra “verdad” en ellas y “sale por la tangente” proponiéndose sus propias metas al margen de lo que opinen los demás. Como eso es bastante arriesgado, lo más fácil es taparle la boca (no atenderle, no escucharle) y seguir la marcha colectiva. Pero claro, si encima los niños se mezclan y cuando crees que vas a parir un niño luminoso lo que te sale es un niño enrabietado que no fue atendido como le hubiese gustado por papá y mamá, la cosa se pone fatal para uno y para los que le rodean.

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